miércoles, 17 de marzo de 2010

Entre lo urgente y lo importante.

Se dijo que la candidatura de Marco Enríquez-Ominami fue una aventura personal, que descansaba en un esfuerzo mediático y de contenidos contradictorios. No obstante, una de las medidas que me convocó para sumarme a su proyecto fue la propuesta de reforma tributaria al alcohol, al tabaco, a las grandes empresas y, en especial, a la gran minería privada.

Muchos se concentraron en el carácter liberal del economista a cargo del equipo económico pero pocos vieron el valor táctico de una maniobra como esta: superar la fractura derecha-izquierda para hacer más transversal una reforma de esta envergadura si consideramos que por muy pequeño que sea el impuesto a la gran minería privada permitiría solucionar todos los problemas de vivienda, educación y de jubilación de nuestro país (Fundación Terram, 2003).

Hoy, después de evaluar los costos que significa financiar un plan de reconstrucción y de mitigar en parte los daños patrimoniales de los habitantes de las regiones más afectadas por el terremoto y posterior tsunami se pueden escuchar voces que proponen una tímida reforma tributaria. Las mismas que durante los tiempos de campaña la trataron de una medida populista y demagógica.

Pareciera que el último evento sísmico no solo dejó en evidencia la calidad de las viviendas, escuelas, hospitales, etc. y de la necesidad de una infraestructura pública de excelencia, si no, también, la precariedad mental de nuestra clase política que se concentra en lo urgente pero nunca en lo importante, es decir, en improvisar medidas para salir del paso pero pocas veces en anticiparse a escenarios predecibles sobretodo si vivimos sobre una falla geológica con una sociedad estructuralmente desigual y un Estado saqueado. Esas medidas de alto valor estratégico que, independiente del origen de la crisis que le toque vivir a nuestro país en el futuro, puedan enfrentarse de la mejor manera posible y con el menor costo de vidas, daño material, etc.

El ex Ministro de Hacienda Andrés Velasco fue reconocido mundialmente por haber enfrentado la crisis financiera del 2008 con una política fiscal contra-cíclica, es decir, ahorrar las ganancias producto de un buen momento del precio internacional del cobre para el periodo de vacas flacas. Pero poco se dice que este margen de maniobra del ex ministro hubiera sido imposible sin la chilenización y posterior nacionalización del cobre por parte de Frei padre y Allende respectivamente. Ciertamente muchos de los que hoy aplauden el manejo de la crisis ayer complotaban: ¿De los oportunistas es el reino de los cielos?.

Chile necesita con suma urgencia de sectores dirigentes que se preocupen también de lo importante, es decir, que tengan la capacidad de aprovechar los momentos de no-crisis y asegurar estratégicamente a su población, de esos grandes proyectos reformadores que alguna vez Chile tuvo y que hoy necesita de regreso.

Cristian Jamett

viernes, 12 de marzo de 2010

El otro saqueo.


Los grandes medios de comunicación se han concentrado en darle cobertura tanto al saqueo y el pillaje como a las víctimas del propio terremoto y tsunami. Los juicios morales se han vuelto cada vez más radicales, escuchándose voces que incluso llaman al ajusticiamiento de los culpables.

No obstante, también existen suficientes elementos para suponer que se puede estar perfilando otro tipo de “saqueo”, bastante menos evidente que el delito domestico si consideramos los términos en que se está anunciando el plan “Levantemos Chile” por parte del presidente electo, Sebastián Piñera, el cual señala lo siguiente: “tendrá una serie de etapas y que contemplará reasignaciones y la solidaridad del mundo de la empresa privada”[1]. Etapas que podrían ser resumidas de la siguiente manera: “primero, superar la emergencia ciudadana, encontrar a las personas desaparecidas, restablecer los servicios básicos y poner el aparato productivo nuevamente en marca…Plan que tendrá estándares más modernos y eficientes”[2].

Frente a este anuncio se me viene a la mente el libro “La doctrina del shock”[3] de la canadiense Naomi Klein (2007) el cual demuestra el protocolo que ha usado “la empresa privada”, que so pretexto de solidarizar, modernizar, etc. termina por apropiarse de las empresas o instituciones del Estado en contextos traumáticos como golpes de Estados, Terremotos, Tsunami, etc. Un shock que deja a la población desorientada, desinformada y temerosa mientras se organiza el gran saqueo de la infraestructura pública conducido por un líder providencial y salvador. Ejemplos de este tipo hay muchos en la historia: Chile en 1973 por vía Militar o el uso del Huracán Katrina por parte de la administración Bush, etc. (Klein, 2007).

En ese marco resulta poco creíble que la empresa privada sea capaz de hacer un esfuerzo “solidario” de manera sostenida, como lo contempla el plan de Piñera, sin que haya rentabilidad de por medio. Menos si consideramos la composición empresarial de la nueva alta administración pública (gabinete, intendencias, etc.).

El impacto del terremoto de las regiones del Maule y del Bio-bio ha significado, entre otras cosas, retroceder décadas de desarrollo por ello resulta importante saber si serán las mismas empresas privadas del ámbito inmobiliario, de las autopistas concesionadas, etc. el eje del nuevo plan de reconstrucción, con los estándares “modernos y eficientes” que todos conocemos después del ultimo desastre.

Cristian Jamett



[1] Bajo el lema "Levantemos Chile" Piñera lanzará plan de reconstrucción” en: El Mercurio, 2.3.2010

[2] “Piñera designa intendentes y cuestionda descoordinaciones en: La Nación, 4.3.2010.

[3] Klein, Naomi (2007) La doctrina del Shock, Editorial Paidos, Madrid. Para saber más sobre el libro: http://www.paidos.com/ficha.aspx?cod=45151

Ganar para cambiar…esa es nuestra diferencia

El triunfo electoral de la derecha constituye el término del co-gobierno para abrir paso a la construcción de una neo-oligarquía que concentra importantes cuotas de poder político, económico y mediático. De lo contrario no podríamos explicar el carácter empresarial del nuevo poder ejecutivo y su resistencia para deshacerse “formalmente” de sus vínculos con el ámbito privado.

Frente a este escenario hay quienes señalan que un gobierno de derecha en el poder aumentará las contradicciones de manera automática. Lamentablemente eso no es algo dado. La derecha ganó en base a las preferencias y no a la fuerza, constituyéndose en los hechos en “una nueva mayoría” relativa a la población inscrita en los registros electorales.

El mismo padrón donde la candidatura de Marco Enríquez-Ominami logró interpretar el malestar generalizado contra la clase política y el sistema que la sustenta. Manifestado públicamente la voluntad y capacidad de transformar su histórica votación individual en un proyecto político colectivo con opción de poder.

En este contexto, la aprobación del proyecto de ley de inscripción automática y voto voluntario abre importantes oportunidades para interpretar las preferencias y contenidos de nuevos electores jóvenes y no tan jóvenes, donde la conquista de los cargos representación popular dependerán de aquellos liderazgos y organizaciones con capacidad de movilizar a su electorado.

Para interpretar a este nuevo y viejo electorado se requiere por un lado de organizaciones con liderazgos capaces de representar las demandas más sentidas de la población (materiales, culturales, etc.) y no solo de los sectores más convencidos y politizados; de la constitución de un verdadero espacio “referencial” (organización política, fundación, etc.) donde la ciudadanía quiera participar, otorgue credibilidad, apoye con su voto, etc.; y por último, articularse a los espacios referenciales o de pertenencia naturales de los viejos y nuevos electores (organizaciones gremiales, sindicales, estudiantiles, clubes de adulto mayor, etc.).

Los vínculos que una organización establece con la sociedad son tan o más importantes que la estructura interna de las organizaciones políticas. De lo contrario este espacio terminará siendo otro “auto-referente” que agrupa a los mismos de siempre con un nuevo nombre. Por ello, tendremos que hacer un esfuerzo creativo sin precedentes en la senda de vincular lo social con lo político a partir de mantener y proyectar los mecanismos participativos de toma de decisiones que ya se están implementado (uso de internet para definir el nombre, logo, etc.).

Aún cuando somos conscientes del descrédito de los partidos políticos estos constituyen una herramienta necesaria para pasar de las dispersas luchas sociales, comunales o territoriales a la disputa por el poder político. Es decir, para pasar de una ciudadanía temerosa y peticionista a la conformación de una ciudadanía cada vez más libre, soberana y de mando. Donde este nuevo partido pueda ser una correa de transmisión de sus demandas, entendido como el brazo legal inmerso dentro de una red de organizaciones sociales, movimientos, fundaciones, artistas, intelectuales, etc. En síntesis un bloque histórico-partidario con capacidad de constituirse en un referente para las mayorías y ganar batallas en el plano de las ideas, de las luchas sociales y los votos.

El desarrollo de este bloque histórico-Partidario no estará concluido en el corto plazo pero es garantía real de transformación. El uso de las
maniobras y golpes de mano a última hora nos pueden otorgar una “victoria casual” pero difícilmente construirán la fuerza que sostenga los cambios que Chile requiere si convenimos que ganar no es lo mismo que cambiar.

Ánimo!!!